En mi opinión | Matar al mensajero

Twitter no exige credenciales a cualquiera que abra una cuenta en su plataforma. El resultado, en ocasiones, ha sido la suplantación de personalidad con el consiguiente perjuicio, más o menos demostrable y trascendente, al afectado.

Hace poco comentaba la posición activista del periodista italiano Tommasso Debenedetti, que suplantó la personalidad de varios ministros españoles e italianos para denunciar la facilidad con la que se puede llegar a hacer pasar por otra persona, y no precisamente desconocida.

Hoy conocíamos que se ha producido la primera demanda contra Twitter, pero no por esa circunstancia, sino por una supuesta difamación vertida en sus 140 caracteres.

Y en eso, sin ser jurista, opino que se equivoca el demandante, el australiano Joshua Meggitt. En España hay sentencias que eximen de responsabilidad a los administradores de un foro de los comentarios vertidos en esas plataformas por los usuarios. No resulta difícil establecer un paralelismo entre ambas situaciones.

La demanda contra la empresa americana es por un twitter que la escritora Marieke Hardy envió a sus 60.000 seguidores en que acusaba erróneamente a Meggitt de ser el autor de un blog en contra de ella.

La cosa no quedó ahí porque numerosos seguidores de la escritora se unieron a la campaña e incluso enviaron twetts peores.

El abogado del demandante dice que “Twitter se dedica a publicar y, de acuerdo con la ley, cualquiera involucrado en la publicación puede ser demandado”, basándose en una sentencia de los tribunales australianos de 2002.

Mientras, la escritora y el demandante de Twitter han llegado a un acuerdo privado que se salda con una indemnización de 16.000 dólares y una disculpa pública de la escritora en su blog.

Aquí huele a publicidad y querer sacar tajada de una gran empresa porque, evidentemente, la reponsabilidad es de la escritora.

En otras cosas Twitter comete errores pero, en esto precisamente, no veo donde está la responsabilidad.

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